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Es el truco más viejo del libro, si quieres adelgazar tienes que comer menos, es lógica pura, y, sin embargo, no suele funcionar, comes raciones pequeñas, incluso minúsculas, como un pajarito, y al final de la semana has engordado ¿Cómo es posible? La explicación es muy sencilla, aparte de los propios efectos fisiológicos de los que ya hemos hablado, hay una razón básica, al no dar a tu cuerpo los alimentos que necesita, al final, acabas comiendo de más. Y es que te levantas de la mesa con casi tanto hambre como cuando te sentaste, además de la sensación de ser una mártir por culpa del sobrepeso, y claro, en cuanto te despistas estás picoteando de aquí y de allí, asaltando la nevera, o incluso compensando la falta de comida de verdad con unos fantásticos snacks dietéticos, que ni alimentan, ni sacian, ni, desde luego, adelgazan. Sustituyes cinco comidas ordenadas y adecuadas a tus necesidades por un aluvión constante de pequeñas porciones de comida, o por una bomba de hidratos supuestamente adelgazante, y pasa lo que pasa, que, al final, comes mucho más, mucho peor, y acabas engordando. Así que, no te dejes engañar por las falsas soluciones milagrosas, incluso las que parecen obvias, y recuerda que la comida es fundamental para tu salud, y para que puedas hacer todas las cosas que quieres o necesitas hacer durante el día, y que estar a dieta no implica, en ningún caso, que las comidas no puedan ser abundantes, saciantes y deliciosas. En resumen, un auténtico placer.

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