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Es evidente que nunca antes habíamos dado tanta importancia a una alimentación sana, no hace tanto, lo importante era poder comer, de igual manera, nunca antes habíamos tenido tanta información, tantos reglamentos sobre lo que son y deben ser los alimentos, y lo que debe poner en el etiquetado, ni tanta formación como para entenderlo, sin embargo, todos somos conscientes de que con demasiada frecuencia nos la cuelan, que los productos que compramos no son todo lo sanos que deben ser, ni, desde luego, los productos dietéticos tienen el efecto en nuestro peso que deberían. Las explicaciones son muy variadas. Por un lado por norma general dietético significa sin grasa, o en algunos casos sin azúcar, pero ambos productos son sustituidos por distintos tipos de hidratos de carbono, que engordan mucho más. También porque lo que dice, literalmente, la publicidad (o el envoltorio) y lo que nosotros interpretamos no coincide, ejemplos de esto son los productos “0” que no especifican qué es lo que no llevan (con lo que cada uno entiende lo que quiere), productos que indican que son “fuente de…” a pesar de que el aporte es insignificante y a cambio ingieres una cantidad absurda de componentes terriblemente insanos, productos integrales hechos a base de harina refinada, etc. Para mitigar estos inconvenientes lo mejor es leer con tranquilidad y detalle la información nutricional prestando mucha atención a los productos con los que se ha realizado y su aportación nutricional, de esa manera, te evitarás tomar alimentos que, inadvertidamente, te perjudican, y, por qué no decirlo, malgastar el dinero en productos caros que no te sirven para nada.