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Todos lo hemos visto muchas veces, una persona de tu entorno hace algo que es evidente que le perjudica y por más que intentes convercerle de que cambie de actitud, o de hábitos, vuelve a ellos una y otra vez. Incluso aunque comparta tu opinión sobre el comportamiento en cuestión y tú te preguntas ¿por qué? ¿Cómo es posible que, sabiendo como sabe que le perjudica, insista una y otra vez en el mismo comportamiento? La explicación es muy sencilla. La zona de confort. Aunque sea algo negativo es a lo que está acostumbrado, es su hábito, y cambiarlo requiere no sólo esfuerzo sino, también, adentrarse en el terreno desconocido de los cambios. En esa situación, cualquier excusa es buena para volver a recaer en el hábito, incluso decirse a ellos mismos que, en realidad, no es tan malo, o que les gusta, o lo disfrutan, les relaja… Seguramente estén pensando en alguien de tu entorno, en esa guerra que llevas librando durante años para que dejen de hacer lo que hacen, sin embargo, la zona de confort nos atrapa a todos, incluso a nosotros mismos, y es una de las principales razones por la que abandonamos las dietas, por que implica el esfuerzo de cambiar, porque debemos adentrarnos en el terreno desconocido de nuestra vida sin obesidad, y buscamos cualquier excusa para convencernos de que, en realidad, no estamos tan mal, de que la comida que nos perjudica nos gusta, la disfrutamos, o comer nos relaja. Y ahora, ¿te sientes identificada?

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