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Seguro que la escena les resulta familiar, un niño, puede ser cualquiera de nosotros, se niega a comer lo que le queda en el plato y entonces alguien, generalmente la madre o la abuela, exclama que desechar comida está mal, que hay que comérselo todo porque en África hay niños que pasan hambre. Y lamentablemente es cierto, lo que ya no lo es tanto es que el que tu comieras o dejaras de comer esas cuatro espinacas cocidas que llevabas un cuarto de hora mareando por el plato fuesen a suponer ningún cambio en la situación alimenticia de ningún niño africano, al menos ningún cambio para bien. Sin embargo, esa frase si que tenía varios efectos en ti, y ninguno bueno. Primero asocias la comida con emociones negativas como la culpa. Y segundo, te obligabas a comer sin hambre porque el plato tenía que quedar limpio. Aunque pueda parecer una tontería, este tipo de planteamientos pueden marcar en muchos casos la relación de un niño, y en consecuencia del adulto, con la comida, una relación que debería ser natural y positiva se convierte en algo negativo basado en la culpa y la obligación y, como consecuencia, deviene en una relación disfuncional que tiene como resultado el sobrepeso. Por lo tanto, una de las primeras tareas que debes llevar a cabo para poder adelgazar definitivamente, es aprender a modificar la relación que tienes con la comida. Créeme, no es imposible.

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