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«¡Voy a darme un homenaje!», decía Ana

Esta es la historia de Ana, alumna del Método Sbelt. Es similar a la de miles de mujeres que sufren por su sobrepeso y que solo quieren encontrar una solución. Han probado dietas y más dietas o han tomado decenas de productos esperando que estos hiciera un milagro. 

Me he pasado mas de la mitad de mi vida haciendo dietas, sacrificándome, sufriendo, pasando hambre y contando calorías para lograr la talla que deseaba. El último intento me supuso una inversión mensual de 300 euros tomando unos productos muy famosos. Una vez que los dejé, ya no es que recuperara los kilos bajados, sino que subí más que como estaba antes de comenzar con ellos.

Todo este tiempo fue una lucha continua que me llevo de fracaso en fracaso hasta que, ya con casi 45 años, llegué a la conclusión de que mi problema estaba en mi cabeza.

Aunque la obesidad me llevaba acompañando años, casarme y ser madre de tres hijos no me ayudó a adelgazar, más bien todo lo contrario. A esto le tenía que sumar problemas que tenía en casa que me provocaban una intensa sensación de soledad. Al final, mi vía de escape siempre era la comida. Ese era mi refugio y consuelo a la vez que me proporcionaba alivio.

Además, la sensación de escasez de comida cuando estaba a dieta me generaba mucho estrés y ansiedad y después comía mucho mas. 

Así que, ante tanta frustración y fracaso recurría a mi frase favorita: «¡Voy a darme un homenaje!». Entonces, me ponía ciega de comida, aunque después me sentía fatal y culpable. Intentaba remediarlo, a veces quitándome de comer al día siguiente, pero la ansiedad era tal que no aguantaba ni siquiera hasta el mediodía.

Por todo esto, adelgazar se convertía en un calvario y terminaba abandonando la dieta poniéndome cualquier excusa para autoconvencerme . Todo esto me llevo a darme cuenta que mi problema con la comida era algo profundo que yo arrastraba sin entender que era, pero para lo cual necesitaba mucha más ayuda que una simple dieta.  

El día que fui consciente de ello y me puse en manos de una profesional, que además me entendía porque había pasado por lo mismo que yo, ese día mi vida cambió. Solo puedo dar las gracias por aparecer en mi camino. 


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